Tener un proyecto de vida es encontrar, entre otras cosas, una razón para estar feliz por abrir los ojos cada mañana, es reconocer nuestros talentos y disfrutar aplicándolos a nuestra cotidianidad. Tener un proyecto de vida es, como dicen los japoneses “la felicidad de estar siempre ocupado”, y lo sintetizan con una palabra ikigai.

Nadie puede descubrir tu pasión, tú tienes que sentirla. La vejez no es un tiempo solo para el descanso, claro, habrá quien así lo quiera, pero si vamos analizando los secretos de la larga vida de muchas personas, descubriremos que la actividad les mantuvo la mente y el cuerpo en buen estado hasta el final de sus días. Son muy conocidos los ejemplos de Miguel Ángel, el creador de La Capilla Sixtina, quien tenía 88 años cuando la pintó, e invirtió en ella cuatro largos años. Leonardo Da Vinci tenía 67 cuando creó La Mona Lisa, por citarle un par de ejemplos.

Contrario a lo que se pensaba en otros años, la actividad, el movimiento, la acción, prolongan favorablemente nuestra vida y van conformando un proyecto que nos dirá qué hacer y cómo, para dejar este mundo un poco mejor de cómo lo encontramos. Habrá que elegir si seguimos disfrutando los años que nos quedan por vivir, o si nos sentamos en una mecedora a mirar pasar la vida. Todavía tenemos la opción de elegir.