Cuando se habla de hipoglucemia se hace referencia a una “condición caracterizada por niveles de glucosa bajos en la sangre, usualmente debajo de los 70 mg/dL (miligramos de azúcar por decilitro de sangre)”[1].

En personas adultas mayores es muy importante que se detecte a tiempo la hipoglucemia, puesto que pudiera ser una de las “complicaciones agudas de la diabetes mellitus”, o bien, porque “puede impactar considerablemente en la funcionalidad y la calidad de vida”.

Las personas adultas mayores que consumen muchos medicamentos también pueden padecer esta condición, “ya que el proceso de envejecimiento modifica las respuestas hormonales contrarreguladoras a la hipoglucemia, además de que las múltiples comorbilidades incrementan el riesgo de presentar esta complicación”[2], como la enfermedad renal crónica, la insuficiencia cardiaca crónica, la desnutrición y la polifarmacia.

Entre los síntomas que pueden indicar que alguien está padeciendo hipoglucemia se encuentran: “palidez, temblores, sudoración, dolor de cabeza, hambre o náuseas, latidos del corazón irregulares o acelerados, fatiga, irritabilidad o ansiedad, dificultad para concentrarse, mareos o aturdimiento, hormigueo o entumecimiento de los labios, la lengua o la mejilla, y pueden incluso –en caso de que empeore la hipoglucemia– presentar desorientación, comportamiento inusual, pérdida de la coordinación, habla arrastrada y visión borrosa”[3].

En el caso de las personas adultas mayores hay que saber que sí aumenta el riesgo de padecer hipoglucemia, por distintos motivos: desde una mala alimentación, hasta insuficiencia renal.

 

NOTA IMPORTANTE: Recuerde que, si bien APRENDER A ENVEJECER aporta información de fuentes confiables, siempre recomendamos que consulte primero a su médica o médico de cabecera, y que evite automedicarse.

 

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[1] https://bit.ly/49HUudL
[2] Ibid.
[3] https://bit.ly/3ZzbQoE

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