A veces cuando escribimos y suscribimos nuestro testamento olvidamos la relevancia de la figura de un albacea siendo que es una figura de gran importancia. Un albacea es quien teórica y prácticamente va a hacerse cargo de que todo lo que nosotros quisimos legar en un testamento se vea cumplido, porque es nuestro representante legal en este proceso sucesorio.
Generalmente es alguien de muchísima confianza que pueda no tener interés directo sobre nuestro patrimonio o legado, además de que idealmente seas una persona cercana, responsable, honesta, transparente y querida por nosotros. Suele inclusive no ser necesario que la o el albacea hereden nada ni tengan retribución alguna, aunque es de buena educación compensarle mínimamente por todos los esfuerzos que realizará cuando ya no estemos. Esto, porque será esta o este la persona designada en un testamento para administrar y distribuir los bienes de una persona fallecida, “asegurando el cumplimiento de su última voluntad”. Esto le obliga a garantizar que los repartos de la herencia se lleven a cabo en orden; se paguen deudas; se proteja el patrimonio y se procure evitar conflictos entre las o los herederos.
Gracias al albacea se garantiza la neutralidad y la realización de la voluntad del testador o de la testadora y se da una agilidad legal al trámite testamentario. Ahora bien, la figura de albacea tiene gran responsabilidad porque tiene el deber, ante autoridades y bancos, de actuar y de hacerlo de manera expedita, transparente, con eficiencia y en el mejor interés de la persona fallecida.

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