No padecer dolor es un derecho humano fundamental
La evolución de la medicina, a estas alturas del siglo XXI, procura que las personas enfermas no tengan que tolerar dolores insufribles a causa de ninguna enfermedad. Muchos pacientes con algunas variedades de cáncer muy agresivo —como el que afecta a los huesos u órganos vitales— que padecen dolores intensos, deben saber que el acceso a medicamentos y cuidados paliativos para mantener el dolor lo más limitado posible no solo es un derecho humano, sino también una meta alcanzable.
En el Instituto Nacional de Cancerología, en el área de cuidados paliativos, el personal se enfoca en evitar el sufrimiento del paciente y de su familia. Esto incluye tanto el dolor físico como el dolor emocional.
Entre los cuidados disponibles para personas con cáncer muy doloroso o en etapa terminal se incluyen: estrategias de relajación, respiración y meditación; terapias para controlar síntomas; atención psicológica; cuidado emocional (o espiritual, si así se requiere) a cargo de personal especializado; suministro de medicamentos para aliviar el dolor; e incluso atención domiciliaria para quienes lo necesiten.
El derecho a no sufrir dolor es un derecho humano fundamental, consagrado desde los inicios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 25. Esto implica que todas las personas —incluidas las personas adultas mayores— tenemos derecho a una vida sin dolor y a recibir un tratamiento adecuado para mitigarlo.
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