Las mujeres adultas mayores han sido violentadas a través de toda su vida: desde que fueron niñas, adolescentes, adultas y ahora que son mayores, por sus familiares y la sociedad. Y a su vez, por género y no igualdad que viene culturalmente, en todo el mundo, desde la Edad de los Metales según rastrean las historiadoras de género más relevantes como Gerda Lerner en su título muy famoso La creación del patriarcado. Entre las categorías de violencia que pueden sufrir las mujeres adultas mayores está la física, la emocional, la psicológica, la verbal. Esta última, nos queda clara, cuando examinamos los usos del mote “vieja” que pretenden hacer referencia a una mujer, pero de manera despectiva. Este uso tan común que se ha naturalizado, vale la pena desarraigarlo del lenguaje y reconocer que por el habla se mete también la cultura de la discriminación y desigualdad que son formas de la violencia. Golpes, gritos, desacreditaciones, falta de oportunidades, celos, forcejeos, bromas hirientes, chantajes, mentiras y sobre todo ignorar, culpabilizar o controlar, pellizcar, etcétera, son conductas inadmisibles que deben de frenarse por completo y, cuando se pueda, denunciarlas. Ningún delito debe quedar impune y cualquier acto de violencia contra la mujer en este país está castigado por la ley. De hecho, se cuenta desde 2007 con una Ley general de acceso de las mujeres a una vida libre de violencias. En este país se debe velar por la cero tolerancia al acoso y al hostigamiento sexual, por ejemplo. En cualquier caso, se puede llamar para denunciar al 800 911 2000 y también acceder a los servicios especiales y gratuitos de orientación jurídica del INAPAM al teléfono 55 5925 5366.
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