Aunque a veces se sienta que los derechos humanos no se cumplen, es muy importante conocerlos, respetarlos y, sobre todo, hacerlos valer. Por ejemplo, el derecho humano a envejecer con dignidad, que suena tan bien, hay que saber cómo funciona, cuándo surgió y quiénes lo deben suscribir. Envejecer con dignidad es un derecho humano. Si bien la Organización de las Naciones Unidas
(ONU) tenía iniciativas en ese sentido desde 1982, fue en diciembre de 1990 cuando designó el 1 de octubre Día Internacional de las Personas de Edad. De esa fecha a la actualidad, hace más de un cuarto de siglo, los países de la ONU, incluido México, no cesan en indagar cómo y cuáles políticas públicas deben de ser adoptadas para que se logre realmente un envejecimiento digno de la población de personas adultas mayores. Tan solo a finales de 2025, expertos se reunieron en Viena para detectar las mejores maneras del funcionamiento del cerebro en este grupo etario, de tal forma que se tuviera mejor calidad de vida durante toda la vida.
Los ingredientes para un envejecimiento digno son una combinación de salud física y mental; autonomía e independencia; participación social y comunitaria; acceso a derechos y servicios; un entorno seguro y adaptado; y un cambio cultural que valora a las personas mayores, fomentando el respeto, la no discriminación y la calidad de vida hasta el final de sus días, sin violencia ni abandono. La educación digital y persecución de extorsionadores de personas adultas mayores resulta, por ejemplo, una política pública fundamental en aras de un envejecimiento digno que es nuestro derecho.

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