Como prácticamente todo en la vida, para lograr algo hay que tener disciplina y constancia. Para que no pierda flexibilidad ni elasticidad nuestro cuerpo, podemos hacer lo siguiente: antes de pararnos de la cama, estiramos los brazos hacia arriba y después los bajamos a los lados, tomemos en cuenta que al abrir los brazos inhalamos y al juntarlos nuevamente arriba, exhalamos; estos movimientos los hacemos de 6 a 8 repeticiones de manera suave. Mientras seguimos acostados, doblaremos las rodillas y poco a poco estiraremos de manera recta, un brazo hacia atrás y la pierna contraria hacia adelante y lo mismo con el otro brazo y pierna; de estos ejercicios haremos 6 repeticiones de cada lado. Y para terminar de desperezar nuestro cuerpo, haremos la postura del puente de 6 a 8 repeticiones, es decir, acostados con las piernas flexionadas, elevaremos la cadera y espalda baja hacia el techo, de manera suave y consciente, sentiremos cómo cada vértebra se despega de la cama y también cómo cada una de ellas va bajando.
Una vez de pie, nos podemos agarrar de una silla o muro y elevaremos uno de los brazos hacia arriba y la pierna de ese mismo lado la cruzaremos hacia atrás de la otra para estirar el costado del cuerpo. Y para finalizar, podemos hacer secuencias de la postura del guerrero, con flexión de rodilla hasta donde podamos y estirando cada uno de los brazos hacia delante y hacia atrás. Si esto lo practicamos diariamente, tendremos un cuerpo flexible y en movimiento.

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