El envejecimiento de la población en todo el mundo nos lleva a hacer algunas reflexiones: nadie quiere morir pronto, pero la única forma de vivir muchos años es, precisamente, envejeciendo. ¿Cuántos años queremos vivir? ¿80? ¿90? ¿100? ¿Cómo para qué? ¿Cuál es tu proyecto de vida? ¿De qué vas a vivir? ¿Cuál será tu fuente de ingresos?.

Ahora mismo estamos viviendo más. Llegamos tranquilamente a los 80 años; pero eso no nos garantiza calidad de vida, ni trabajo, ni dignidad. La edad es un factor de riesgo para la salud: el desgaste de la renovación celular se hace más notorio a medida que pasan los años. Entonces tenemos que organizarnos para tener más vida, pero con calidad; contar con cuidados por parte del estado o personales, para enfrentar la etapa de mayor dependencia. Debemos tener un sentido de vida, ese algo que nos haga levantarnos gustosos cada día. ¿Qué estamos haciendo desde hoy para conservar nuestra autonomía e independencia?

Otro punto fundamental de estas reflexiones me lleva a hablar de la necesidad de saber y sentir que estamos integrados a esta sociedad. No que nos traten como menores de edad o como enfermos, o como carga, sino que podamos formar parte del desarrollo, del crecimiento que viven nuestras comunidades. Queremos que nos tomen en cuenta. Nadie quiere morir pronto, pero tampoco nadie quiere envejecer, y mantenerse eternamente joven es imposible. ¿Entonces? Aprendamos a envejecer, y sigamos disfrutando de esta etapa de la vida.

 

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