La vitamina D es fundamental para conservar nuestra salud y no siempre la aprovechamos de manera adecuada, ya que se requiere tomar un poco de sol para que ésta se active en nuestro cuerpo. Las personas adultas mayores la necesitan más que nadie, ya que con la vitamina D se mantienen fuertes, flexibles y en óptima salud nuestros huesos y, por ende, evitamos caídas o fracturas al conservar nuestra estructura ósea en óptimas condiciones.
Además, la vitamina D también sirve para proteger el sistema inmunológico, así como para potenciar nuestras conexiones neuronales. Con una nutrición adecuada y tomando un poco de sol (nunca en exceso) diariamente, podemos asegurar que nuestras reservas de esta vitamina no se bajen y así evitar problemas óseos, como un padecimiento llamado osteomalacia (huesos débiles, dolor óseo y debilidad muscular). Esta vitamina en especial, no debe consumirse en demasía, ya que provoca problemas graves a la salud, como: afectación a los riñones, náusea, vómito, estreñimiento, falta de apetito y baja de peso.
En los alimentos que encontramos vitamina D son en el atún[1], el salmón, hígado de res, hongos, queso y en la yema de huevo. Muchos productos también añaden vitamina D en su contenido vitamínico, como ocurre con algunos cereales, leche, bebidas de soya y jugos de naranja empacados.
Por otro lado, se recomienda evitar la exposición al sol sin protectores solares o por más de ocho minutos, y también hay que saber que la dosis diaria de vitamina D para una persona adulta mayor de 71 años es de 20 mcg (800 UI)[2], aunque siempre es recomendable consultar con su médica o médico de cabecera.
NOTA IMPORTANTE: Recuerde que, si bien APRENDER A ENVEJECER aporta información de fuentes confiables, siempre recomendamos que consulte primero a su médica o médico de cabecera, y que evite automedicarse.
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[1] https://ods.od.nih.gov/pdf/factsheets/VitaminD-DatosEnEspanol.pdf
[2] https://bitly.ws/37bEJ
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