La música de concierto mexicana es parte de la cultura identitaria puesto que está inserta en la memoria colectiva y despierta una profunda nostalgia entre las personas adultas mayores. Inspirada o compuesta a finales del siglo XIX y a lo largo de la primera mitad del XX, las composiciones clásicas nacionales se caracterizan por un rigor académico que se mezcla con el folclore, los ritmos tradicionales y el arraigo evocador de los paisajes y el alma mexicana. Entre los grandes compositores de este género musical están Manuel M. Ponce, Silvestre Revueltas, Carlos Chávez y José Pablo Moncayo, quienes dialogan en la historia con creadoras excepcionales como Ángela Peralta y Guadalupe Olmedo.
Las piezas orquestales que significan mucho para las personas adultas mayores son, por ejemplo, el “Huapango” de José Pablo Moncayo, considerado unánimemente el segundo himno nacional por su brillante fiesta de ritmos jarochos; “Estrellita” de Manuel M. Ponce, una joya lírica de añoranza romántica universal que conmueve profundamente; “Sobre las olas” de Juventino Rosas, bellísimo vals inmortal que evoca las plazas y entrañables quioscos de antaño o “Sensemayá” de Silvestre Revueltas, que es realmente un despliegue de fuerza rítmica y misticismo orquestal.
También pueden incluirse, desde luego, “Sinfonía India” de Carlos Chávez, que rescata de forma magistral los instrumentos y cantos prehispánicos; el “Intermezzo”, también de Manuel M. Ponce, pieza pianística de una melancolía e intimidad entrañables y el “Vals Capricho” de Ricardo Castro, obra que rememora el México porfiriano. Estas obras provocan un deleite estético y nos convocan a un viaje directo hacia los años dorados de la juventud. Estas obras nos acompañaron provocándonos placer seguramente desde la radio, en conciertos o en bailes.
Contacto
Alejandro Moreno
Catedrático del Conservatorio Nacional de Música
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