La definición y concepción de salud mental ha cambiado con los años y depende del contexto y la época, puesto que un elemento fundamental para definirla y abordarla tiene que ver con los valores culturales, sociales y humanos que prevalecen. El estigma a la salud mental no ha permitido normalizar ni incluir a gran parte de la sociedad y también resulta en actos discriminatorios no aceptables en sociedades progresistas. La salud mental de una persona adulta mayor, tomando en consideración el paso del tiempo y el desgaste normal de las funciones cognitivas y cerebrales, se mide en rangos de bienestar funcional; esto significa que cuando alguien goza de salud mental, siendo persona adulta mayor, puede gestionar emociones, mantener su autonomía, adaptarse a cambios (jubilación, duelos) sin desplomarse anímicamente y mantener una red social o contacto fluido con otras personas. Si la persona puede pensar, interactuar, sentir y enfrentar el estrés de la vida cotidiana sin que esto signifique algo traumático, se puede hablar de personas adultas mayores con salud mental. Esto, independientemente de pequeños deslices, olvidos o del funcionamiento físico disminuido que pudieran tener. No obstante, se debe tomar en cuenta que por lo menos se ha probado que el 7% de la población adulta mayor presenta depresión y ansiedad, a menudo acompañada de demencia que recordemos que no es parte normal del envejecimiento.

NOTA IMPORTANTE: Recuerde que, si bien APRENDER A ENVEJECER aporta información de fuentes confiables, siempre recomendamos que consulte primero a su médica o médico de cabecera, y que evite automedicarse.

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