A finales del siglo XIX y principios del XX, el baile social, como convivencia, ya fuera de las personas adineradas o las clases obreras, se pone de moda en Europa y por ende en América también. La mezcla de ritmos latinoamericanos y africanos en este continente se vuelve el detonante para que se comience a bailar rumba y ritmos con percusión cercanos al merengue y previos a la salsa. Conforme avanza el siglo, México tiene un despunte en este género de baile. El Salón México en la Ciudad de México se vuelve un referente en los años veinte, como centro de baile popular.
Un espacio emblemático del baile de salón es el Salón Los Ángeles en la colonia Guerrero de la Ciudad de México que abre sus puertas en 1937, se convirtió en referente para bailar danzón y mambo que se puso muy de moda en las películas de la época del Cine de Oro Mexicano.
No es sino hasta las décadas de los 70, sin embargo, cuando en México vibran también los clásicos ritmos del caribe provenientes de las franjas latinas de Nueva York, con la música de Celia Cruz, El Gran Combo de Puerto Rico y Johnny Ventura.
Los salones de baile y sus pistas tienen un sabor distintivo y especial en México y Latinoamérica porque se trata de espacios para los ritmos de salsa, rumba, danzón, merengue y cumbia. La salsa puede representar una poderosa conexión con las raíces y un sentido de identidad y pertenencia. Para la mayoría de las personas, la salsa significa una descarga de dopamina que llena de alegría a la comunidad danzante.

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Ernesto Márquez
Periodista

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