Parece paradójico que no se tiene fuerza porque los huesos están débiles y los huesos están débiles porque carecemos de fuerza para movernos. La solución es relativamente sencilla, los huesos adquieren mayor fuerza entre más nos movemos al caminar o al hacer ejercicio aeróbico. Cuando caminamos o trotamos, se genera mayor crecimiento del tejido óseo; esto es, se reproducen y regeneran las células de los huesos. Nuestros huesos necesitan del movimiento y la carga para continuar su desarrollo. Con la edad y los cambios hormonales, dejamos de producir sustancias que alimentan a nuestros huesos y también absorbemos de otra manera los nutrientes de las células óseas. El tejido óseo, al detectar impacto, activa un proceso mediante el cual se deposita de mejor manera el colágeno y el calcio que sirven para aumentar densidad y grosor de nuestros huesos; esto ocurre especialmente con ejercicios de fuerza e impacto. Hacer pesas, jugar tenis y hasta ping pong estimulan la osteoblastosis, ese proceso en el que todos los nutrientes, los ya mencionados y la Vitamina D también, contribuyen a que mantengamos una densidad ósea dentro de un buen registro. Es importante hacerse por lo menos una vez al año o ya en última instancia, cada dos años, una densitometría para medir la densidad y fuerza de nuestros huesos; no dejar de caminar y hacer ejercicio. En el caso de las mujeres, es todavía más importante vigilar el ejercicio de impacto para que tengamos huesos fuertes porque la tendencia a la osteoporosis es mayor.

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