El divorcio es una decisión difícil, que pasa por la responsabilidad jurídica y que da por concluido oficialmente un contrato matrimonial que fue adquirido también de manera oficial o formal. Las obligaciones y responsabilidades derivadas de un matrimonio tienen que ser resueltas, encontrar su seguimiento o hallar el nuevo orden en las vidas de cada persona, de acuerdo con una terminación oficial; esto es, mediante un divorcio.

Lo anterior se recomienda en prácticamente todos los casos porque es la manera más sistemática, ordenada y en regla (registrada incluso civilmente) para poder, eventualmente, exigir, solicitar o hacerse cargo de la decisión que se ha tomado de ya no permanecer en una relación contractual de pareja.

Cabe recordar que el divorcio es una acción que disuelve el vínculo del matrimonio y que, además, permite a los cónyuges poder contraer otro vínculo u otro matrimonio. Cuando existen hijos menores de edad o cuando se requiere una división igualitaria, equitativa y justa de los bienes llevados al matrimonio, es también imperativo que exista de por medio, ante una separación, un divorcio comprobable, para que puedan llevarse a cabo acciones fundamentales por parte de la autoridad jurisdiccional. En el caso en el que el divorcio ocurra en una situación de amabilidad y buena relación, se puede y debe tramitar, de todas maneras, el divorcio voluntario, en acuerdo de las dos partes, para que cada una tenga posibilidades de rehacer su vida de pareja sin cargar con las responsabilidades pasadas. Otros tipos de divorcio existentes en México son el administrativo, el voluntario contencioso, el necesario o causal y el unilateral por la vía judicial.

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