Que cada día crezca la población de personas mayores de 60 años, y que vivamos mucho más que generaciones anteriores, es motivo de gran alegría. Sin embargo, también representa enormes desafíos. Los cuidados y la atención que requerirán las personas con algún tipo de dependencia exigen respuestas urgentes.
Según la Organización Mundial de la Salud, para el año 2030 —es decir, dentro de cinco años—, una de cada seis personas en el mundo tendrá más de 60 años.
Países como Japón, Finlandia e, incluso, en menor escala, Irlanda, han realizado diversos intentos por desarrollar robots que acompañen a las personas mayores en sus hogares. No se trata de discriminar ni de reemplazar el contacto humano, sino de buscar soluciones frente a la creciente escasez de servicios de cuidados que, en poco tiempo, podrían volverse insuficientes.
De estos esfuerzos han surgido experimentos como Nuka, una pequeña y suave foca robótica que ha mostrado resultados positivos con personas con demencia en Japón. En España, la Universidad de Alicante ha probado con Pepper, un robot diseñado para invitar a hacer ejercicio y supervisar su realización, con el objetivo final de asistir a personas con dependencia.
Otro proyecto español destacado es AtlantTIC, un videojuego diseñado para detectar el deterioro cognitivo, e incluso para el diagnóstico temprano de demencias.
Estos avances tecnológicos no solo continuarán, sino que requerirán nuevos códigos éticos, además de educación para las familias y quienes puedan hacer uso de estas herramientas. En este contexto, asistentes como Siri o Alexa podrían quedar obsoletos: apenas han sido los primeros pasos en un campo que apenas comienza a desarrollarse.
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