En este micrositio hemos abordado de diversas maneras y desde distintos ángulos la historia de cuando los hijos o las hijas no se van de casa. En México, las familias extendidas son frecuentes y muchas veces la convivencia familiar dura hasta la adultez de las y los hijos, extendiéndose a las vidas maritales de éstos.

Esa situación puede derivarse de una optimización de la economía doméstica, de la falta de recursos para vivir de manera independiente, de la necesidad de padres, madres o tutoras de ser cuidadas, o bien, de la necesidad de los hijos para que las y los abuelos vigilen a sus hijos mientras trabajan. Casi siempre las razones son económicas, y entonces, con no poca frecuencia, surgen tensiones en familias llamadas desdobladas o extendidas.

La diferencia generacional y las formas de concebir el mundo, además de los contrastes entre el pensamiento de una persona adulta joven y una persona adulta mayor, pueden resultar en una convivencia cotidiana violenta.

En todo caso, lo que nos interesa recalcar es que ninguna persona adulta mayor tiene que aguantar, por ninguna causa, ser maltratada o violentada en su propio hogar. Hay muchas formas de detener esta situación, dependiendo de cuál sea el grado de violencia. Se puede hablar con las y los hijos; se puede convocar a una persona mediadora y, desde luego, se puede solicitar auxilio a una persona servidora social. En casos graves vale la pena denunciar[1] y procurar poner límites muy claros para que estas conductas no sean recurrentes. Una forma de denunciar es a través de Locatel, al que puede acceder incluso a través de un chat en la siguiente dirección electrónica[2]: https://cdmx.gob.mx/.


[1] https://dif.cdmx.gob.mx/servicios/servicio/atencion-reportes-de-violencia-yo-maltrato-de-adultos-mayores-yo-personas-en-estado-de-interdiccion

[2] https://cdmx.gob.mx/

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