En 2020, una abuela neozelandesa puso el tema en boca del mundo: ¿deberían de pagar los padres y madres a las y los abuelos, cuando les encargan cuidar a sus nietas o nietos?[1] La respuesta, en términos de derechos humanos es que sí. Cuidar nietos o nietas implica un horario, una sobrecarga de labores, un consumo de energía y merece una retribución, un reconocimiento y una visibilidad.
Vale la pena recordar que todo trabajo que haga un ser humano debe ser digno, reconocido y debidamente remunerado. Aunque, en la práctica, sobre todo en Latinoamérica, esto parezca irreal, el deber ser y los derechos humanos así lo establecen y las leyes de casi todos los Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas lo explicitan también.
El trabajo de cuidados, que casi siempre ha sido delegado sin retribución a las mujeres (respecto a hijos, padres, ancianos, personas con discapacidad o enfermos), se debe compartir a nivel social, a todas las personas que puedan realizarlo y, desde luego, esto incluye a abuelas y abuelos.
Una persona adulta mayor, además, tiene más necesidades y puede verse muy beneficiada al tener una retribución por su colaboración familiar que, en países como los latinoamericanos, se da por sentado para que las personas más jóvenes puedan acudir a otro trabajo en donde se les paga con dinero.
Especialistas consideran que “Este trabajo de cuidados debiera incorporarse al producto interno bruto que se genera, pero no se contabiliza […] Suele ocurrir también, que las familias que más ayuda requieren por parte de los abuelos y las abuelas son aquellas que menos renta tienen[2].
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