Bailar es como caminar: algo natural, rítmico, pausado y que todo ser humano –que no padezca una discapacidad motriz específica– puede hacer.

Los pasitos un, dos, tres para allá y para acá; los meneos, la cadencia, los giros, el ritmo de la danza, en cualquier género que se esté practicando, constituyen las rutinas y técnicas naturales del ejercicio corporal mediante el baile.

Para hacer este tipo de ejercicio basta escuchar la música y seguir con el cuerpo los apuntes de los instrumentos de percusión, como los timbales, tambores, tumbadoras, etcétera.

El equilibrio y balance motriz para un bailador viene fácilmente, por lo que se recomienda a quienes no suelen bailar que se animen a hacerlo, al fin no se trata de ninguna competencia, sino de hacer ejercicio y ensayar la coordinación de manos, pies, caderas, brazos y hacer todo esto en sintonía con una pareja (si fuera el caso).

Por ser fácil, contagiosa, alegre y rítmica, la salsa y la rumba han sido las predilectas para quienes gustan hacer ejercicio aeróbico cardiovascular, y por ello también han cobrado auge las clases de salsa, de baile de salón, de rumba y, la ya muy conocida, zumba.

Para tonificar el cuerpo y practicar la coordinación existen miles de sitios y videos de acuerdo con el gusto de cada quién, los cuales vale la pena buscar.

Entre las ventajas de hacer ejercicio bailando para mejorar la coordinación, están:

Aumenta la movilidad pélvica; mejora el ritmo y la coordinación (con base en los pasos de baile, al tiempo de la música); incrementa el control corporal; mejora la circulación sanguínea y contribuye con nuestro bienestar emocional[1].


[1] https://www.sportlife.es/entrenar/fitness/en-forma-bailando-salsa-pasos_201664_102.html

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