Entre los recuerdos y memorias más presentes de las personas adultas mayores suelen estar los momentos más felices o impactantes de la niñez; por lo menos los memorables; algunos cumpleaños, encuentros en la escuela, primeros aprendizajes de algún deporte o algún juego. Las fotografías que todos tenemos de niñas o niños y que están a la mano, nos pueden provocar recuerdos, conversaciones, repasar y recordar cómo fuimos de niñas o niños, qué sentíamos, qué nos gustaba y que todavía nos gusta, qué no nos gustaba y nos provocaba conflicto. El ejercicio de repasar, de volver a narrar con la memoria los acontecimientos clave y las superaciones de etapas difíciles o celebratorias de nuestra vida, nos hace generar hormonas del bienestar, sobre todo, cuando podemos alcanzar a valorar todo aquello que hemos logrado y gracias a lo cual pudimos sobresalir y salir adelante. Las infancias son algo muy sagrado y sobre todo lo son cuando nuestra infancia fue valorada y amable; es por lo que abrimos la invitación a sacar álbumes, fotografías y poder narrar a nietas y nietos, a hijas e hijos, todo lo que vivimos, sufrimos, gozamos y atravesamos en la infancia. Volver a vivir no es sólo una frase hecha, sino que nos hace realmente hacernos cargo de una serie de atributos y logros que a veces pasan desapercibidos si no tenemos a quién contárselos o con quién compartirlos. Este día del niño vale la pena recuperar, rastrear y revivir todo lo que fuimos, lo que hemos logrado, superado y trabajado para llegar a ser personas adultas mayores.
Contacto
Diana Correa Corrales
Directora del Programa de Relaciones Internacionales, Tecnológico de Monterrey
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dcorreacem
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