Quizá uno de los países en donde la Navidad pueda ser más alegre y celebrada, durante prácticamente todo el mes de diciembre, es México. Esto, sobre todo, se debe a su centenaria tradición de las “posadas”. Una posada, según el diccionario, es un lugar en donde se alberga a viajeros. En su definición primera, estos viajeros además eran campesinos. Las posadas vienen desde la Conquista espiritual de los españoles hacia los pueblos originarios en lo que hoy es México. En este país se comienza a preparar la celebración religiosa en la que nace el “Niño Dios” el 25 de diciembre, según la religión católica, durante cuatro domingos de adviento (que pueden comenzar a finales de noviembre). En ese tiempo intermedio, antes del nacimiento, las posadas iban jugando un papel didáctico para pueblos originarios y para toda la gama de generaciones mestizas de la Colonia en donde se rompían piñatas para acabar con los siete pecados (picos de la piñata) capitales; en donde se cantaban villancicos para recibir a los peregrinos que son María y José, antes de que ella diera a luz, y se encendían algunas luces de bengala para reforzar el contraste entre iluminación y oscuridad. Muchos otros simbolismos quedan ahí en las posadas en las que puede haber juegos, petición de posada con canto y velita, piñatas, tamales, atole y una convivencia familiar o con amigos que suele ser divertida. En la actualidad, las posadas pueden ser solamente fiestas domingueras previas a la gran fiesta navideña, el hecho es que, son un buen pretexto para compartir con alegría y en familia.
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Isaac Pérez Calzada
Profesor e investigador de la Universidad del Claustro de Sor Juana
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