El dolor es una reacción totalmente saludable y natural de nuestro organismo, que está enviando una señal importante sobre alguna de las funciones que no están funcionando bien. Se trata de un foco rojo que se enciende para hacernos saber de alguna falla que debe remediarse. Sin embargo, la población adulta mayor puede llegar a reunir demasiados focos, o bien podría ser un sistema de alarma muy difícil de tolerar puesto que el dolor es una reacción del cuerpo que no debe mantenerse por tiempo prolongado. Los focos de alerta sirven para señalar el lugar del problema, pero cuando se estacionan por mucho tiempo en el organismo lo desgastan, y su utilidad como señal de emergencia queda mermada.
La definición médica del dolor dice que es un mensaje del sistema nervioso. Los dolores pueden ser “agudos y crónicos”, y en la mayoría de las veces aparecen y desaparecen. Hay que tenerlos en cuenta para atenderlos, pero no para obsesionarse con ellos. Se ha comprobado que un malestar no atendido también puede tener efectos emocionales y psicológicos en quien lo padece. Entre los tratamientos para curar o manejar el dolor están los medicamentos, la cirugía, los masajes, la rehabilitación física, la acupuntura, los remedios alternativos, como la meditación y los tratamientos paliativos diversos. Sobre todo, es importante no acostumbrarse a vivir con dolor ni hacer de éste una constante. Es muy probable que los dolores sí puedan aliviarse o por lo menos reducirse[1].
NOTA IMPORTANTE: Recuerde que, si bien APRENDER A ENVEJECER aporta información de fuentes confiables, siempre recomendamos que consulte primero a su médica o médico de cabecera, y que evite automedicarse.
_____________________________________________
Comments are closed.