Entre las y los profesionales de la tanatología, que es la disciplina derivada de la psicología,
sobre todo, que estudia la muerte, el proceso de morir y el duelo, las recomendaciones para
cuando alguien querido se muere implican una serie de estrategias para poder superar (que no
olvidar) de manera sana, la pérdida sufrida. Uno de los rituales más comunes y sencillos
consiste en no solamente dejarse sentir el dolor, la tristeza y las lágrimas (que sí habrá que
desahogarse) sino escribir en algún lugar todas las cosas buenas que se vivieron y se gozaron
con aquella persona, así como todo lo que le admiramos, respetamos o quisimos. En suma,
escribir todo aquello que nos dibuja una sonrisa en la cara. Otra estrategia es, si la persona
vivía con nosotros, hacer una limpieza y reorganización de sus cosas, sus espacios y lugares
habituales de tal manera que reconstruyamos el espacio a nuestro modo y, quizá, en algún
lugar muy simbólico en donde estaba siempre (puede ser un sofá, estudio, etcétera) colocar
unas flores o algo significativo que nos recuerde, con alegría, su presencia. Ese objeto o flores
habrá que quitarlos en cuanto sintamos que ya podemos hacerlo. Dejar las cosas sin tocar, tal
como estaban no es algo recomendable. Se puede invitar o convocar a gente querida para que
ayude a remover todos los objetos y cambiar muebles o espacios. En cuanto se pueda,
también es importante invitar a una tertulia o conversación sobre las cosas positivas de la
persona fallecida a familiares y amistades.
NOTA IMPORTANTE: Recuerde que, si bien APRENDER A ENVEJECER aporta información de fuentes confiables, siempre
recomendamos que consulte primero a su médica o médico de cabecera, y que evite automedicarse.
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