Aunque parezca una verdad de Perogrullo o sentencia de optimistas, científicamente está comprobado que la generosidad ayuda de manera muy importante a mantener una excelente salud mental. Esto, porque las acciones, pensamientos y hábitos de las personas generosas se traducen, casi siempre, en acciones amables y generosas de regreso y en producción de sustancias químicas corporales que nos hacen bien. El afecto y el cariño, la socialización no tóxica y los vínculos sanos con otras personas, nos provocan un derrame de hormonas del bienestar; ya sea oxitocina, dopamina, serotonina o algún tipo de endorfina. Las descargas de estas hormonas nos ayudan a la neuroconexión idónea del cerebro y, por esa razón, es importante practicar ser generosos.

La revista de la organización Salud y persona asevera que la generosidad tiene beneficios psicológicos ya que mejora el estado de ánimo, reduce el estrés, incrementa la autoestima y nos ayuda a fortalecer ciertas áreas del cerebro que son importantes para experimentar placer, para regular las hormonas y para fortalecer, al fin y al cabo, las relaciones interpersonales que nos ayudarán a vivir la vida con mayor calidad. Existen estudios de la Universidad de Harvard y de la revista científica Nature que han logrado comprobar que las personas que se muestran generosas con las demás gozan de los beneficios anteriormente mencionados por lo que, cuando se tenga oportunidad de dar tiempo, consejos, cariño, compañía o bienes materiales; la recomendación es hacerlo.

NOTA IMPORTANTE: Recuerde que, si bien APRENDER A ENVEJECER aporta información de fuentes confiables, siempre recomendamos que consulte primero a su médica o médico de cabecera, y que evite automedicarse.

 

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