• No todo deterioro cognitivo es grave

Con frecuencia pensamos que estamos perdiendo facultades mentales cuando somos personas adultas mayores o cuando vemos las reacciones de personas adultas mayores alrededor nuestro. Es de gran utilidad saber cuándo se trata de un cansancio normal, esperado en toda persona adulta mayor o cuándo realmente estamos frente a un caso de deterioro cognitivo para poder actuar a tiempo y adecuadamente.

El deterioro cognitivo es, concretamente, “el declive de las funciones cognitivas ya sea debido a las alteraciones atribuibles al proceso fisiológico del envejecimiento o debido a otros factores”. Sin embargo, hay diversos grados de deterioro cognitivo y, por lo tanto, distintas maneras de abordar el problema.

Existe el deterioro cognitivo leve; la demencia leve y los demás grados de deterioro se llaman demencia; también existen grados de demencia, leve, moderada y grave.

De acuerdo con la Clínica Mayo, el deterioro cognitivo leve afecta la memoria un poco y no tiene repercusiones graves en el funcionamiento de la vida cotidiana.

La demencia leve, puede en cambio afectar la vida cotidiana y se distingue porque “el paciente suele presentar cierto grado de desorientación en el tiempo y en el espacio, olvida nombres de personas muy conocidas, se evidencian problemas con la memoria reciente y puede presentar algunos cambios en su conducta (irritabilidad, mal humor, etcétera)”.

La demencia moderada se reconoce porque afecta también la vida social del paciente y representa una dificultad para la comprensión de órdenes, dificultades de aprendizaje, desorientación temporoespacial, errores en las funciones de cálculo numérico, etcétera. Esta puede ocasionar gran irritabilidad y depresión.

El deterioro cognitivo más fácil de detectar es la demencia grave porque puede significar incluso “la imposibilidad para comunicarse con el paciente quien no comprende lo que se le dice y lo que se dice para éste, no tiene sentido”[1].

Algunas fuentes médicas recomiendan para prevenir el deterioro cognitivo el ejercicio regular, dieta alta en frutas, verduras y omega 3, socialización, estímulo cerebral y un constante entrenamiento de memoria.

  

NOTA IMPORTANTE: Recuerde que, si bien APRENDER A ENVEJECER aporta información de fuentes confiables, siempre recomendamos que consulte primero a su médica o médico de cabecera, y que evite automedicarse.

 

Contacto:

Antonio Villa Romero: Maestro en Ciencias en Epidemiología

 Raúl Medina Rioja: Neurólogo clínico

 Virgilio Alejandro Hernández Ruiz: Médico especialista en Geriatría

 

[1] https://acortar.link/xh41hO

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