En el marco del Día Internacional del Orgullo LGBTTTIQ+, resulta indispensable visibilizar un concepto que la gerontología moderna defiende con fuerza: las vejeces diversas. Envejecer no es un proceso homogéneo; está atravesado por la identidad de género y la orientación sexual. Las personas adultas mayores de esta comunidad, forman una generación pionera que abrió brecha en épocas de profunda criminalización, persecución y estigma social. Liberaron batallas históricas por el derecho a existir, amar y ser reconocidas legalmente. Hoy en día, la perspectiva de sus derechos exige una mirada de reparación histórica y justicia social. Al llegar a la vejez, muchas personas de la diversidad sexual enfrentan una doble vulnerabilidad: la discriminación por edad y la falta de redes familiares tradicionales de apoyo, lo que suele derivar en aislamiento social o en el temor a sufrir maltratos en instituciones de salud y de cuidados a largo plazo.
Garantizar los derechos humanos fundamentales de las personas pertenecientes a la diversidad sexual significa diseñar políticas públicas con un enfoque interseccional. Esto implica asegurar el acceso a servicios de salud libres de prejuicios, el reconocimiento legal de sus vínculos afectivos y la creación de espacios de cuidado que respeten su identidad y su biografía. Las denominadas “vejeces diversas” nos recuerdan que la dignidad no caduca con los años. Reconocer sus luchas y asegurar su bienestar es una deuda histórica que la sociedad tiene pendiente para que todas las personas, sin importar a quién amen o cómo se identifiquen, puedan vivir una etapa con absoluto orgullo, seguridad y plenitud.

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