Muchas nuevas espiritualidades y gremios religiosos han surgido a lo largo de los siglos. Hay comunidades muy activas en hacer proselitismo y convencer a muchas personas de que cambien de religión y sigan ciertas espiritualidades. También hay algunas tendencias que recuperan movimientos espirituales que incluyen meditaciones y ejercicios de silencio. Lo cierto es que, cada vez más hay una oferta amplia para ejercer la espiritualidad, fe o religión y muchas personas adultas mayores son cooptadas y captadas por distintas maneras de creer en algo. Las familias, hijos o hijas, con frecuencia se alarman y procuran que sus padres o antecesores regresen a las religiones de origen o que han heredado por generaciones siendo que, toda persona debe ser respetada absolutamente en su libre determinación de creer en lo que ella quiera y de ejercer su libertad religiosa totalmente. Nadie debe interferir en esto.
Ahora bien, se da también el caso que, quienes quieren hacer proselitismo, fuerzan o quieren obligar a personas adultas mayores a cambiarse de religión a cambio de servicios, ofertas, prestaciones y hasta amenazas. Esto significa vulnerar los derechos de conciencia y libertad de religión y puede denunciarse ya que se está interfiriendo con los derechos humanos consagrados en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Lamentablemente, también algunas comunidades asediadas por grupos criminales se ven a veces bajo el yugo de quienes quieren imponer sus propias creencias y rituales. Otro escenario puede darse cuando hay problemas de discriminación en contra de las personas que no profesan cierta religión; recuerde que nadie nunca puede imponerle ni decirle en qué debe usted creer o qué religión debe seguir.
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Roberto Rosemberg
Académico de la Facultad de Derecho de la UNAM
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