Cuando hablamos de bursitis nos referimos a inflamación; “la inflamación” de la bolsa que amortigua el roce entre los tendones y los huesos del hombro es lo que médicamente se llama una “bursitis del hombro”. Hacer ejercicios suaves, pero constantes y que vayan abriendo esos espacios y ocasione que circule la sangre, pueden disminuir la rigidez articular y prevenir que se pierda movilidad del hombro.
Una rutina puede empezar apoyando el antebrazo que no duela sobre una mesa firme, dejar inclinar el torso hacia adelante y permitir que el brazo afectado cuelgue de manera relajada. Una vez ahí, hacemos círculos suaves en el aire utilizando el impulso del cuerpo, 10 hacia adelante y 10 hacia atrás.
El segundo movimiento es el estiramiento posterior. En posición sentada con la espalda erguida, tomamos el codo del brazo afectado con la mano contraria y lo llevamos hacia el pecho de forma graduada, sosteniendo la posición durante 15 segundos sin provocar dolor agudo, y esto se repite 3 veces. Para finalizar, hacemos una caminata con dedos en la pared: frente a una pared fijamos la mirada al frente, colocamos las yemas de los dedos sobre la superficie a la altura del rostro e iniciamos el ascenso de la mano, caminando los dedos, lo más lejos que podamos; una vez arriba, respiramos y dejamos ahí las manos durante 5 segundos; después hay que descender lentamente.
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