La práctica regular de ejercicio estructurado constituye un pilar indispensable para el control de la diabetes mellitus tipo 2, especialmente en las personas adultas mayores debido a que la actividad física mejora la sensibilidad a la insulina en el tejido muscular, disminuye los niveles de glucosa en sangre y ayuda a prevenir complicaciones vasculares, neuropatías o rigidez en las articulaciones periféricas. Se recomienda iniciar con ejercicios aeróbicos de bajo impacto, como la caminata a paso constante durante 30 minutos diarios, dividida en dos bloques de 15 minutos si la persona presenta fatiga.
Para fortalecer la masa muscular sin elevar de forma abrupta la presión arterial, se sugiere utilizar bandas de resistencia elástica de tensión baja, realizar 10 repeticiones de extensiones de brazos y piernas sentados en una silla firme. Es muy importante también trabajar en el equilibrio estático. Sentados sobre una superficie estable, debemos elevar una pierna unos centímetros del suelo manteniendo la posición durante 5 segundos y alternar con la otra. Este movimiento tonifica el abdomen bajo y aporta estabilidad pélvica. Es indispensable medir la glucosa antes y después de cada rutina; si los niveles se encuentran por debajo de 100 mg/dL (anotación especializada de los glucómetros que significa miligramos por decilitro), se debe consumir una colación previa. Las personas adultas mayores deben utilizar calzado ortopédico transpirable y calcetines sin costuras rígidas, para evitar fricción directa sobre la piel, además de prevenir la formación de ampollas o úlceras. Antes de iniciar cualquier plan de entrenamiento, se recomienda obtener la opinión de su médica o médico tratante. La diabetes no se cura, pero sí se puede controlar muy bien con dieta, disciplina y ejercicio cotidiano.
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