Tener poca flexibilidad en las caderas hace que toda nuestra movilidad sea más rígida y nos va
limitando para ciertos movimientos clave que nos pueden ayudar a alcanzar cosas, a no tener
accidentes, a tener mucha mayor autonomía y a conservar buena postura (porque podemos
mantener la espalda más recta). Uno de los músculos que incide en la zona se llama psoas y
es el que, de bebés, tenemos muy elástico. Conforme vamos creciendo, el desarrollo del psoas
se va atrofiando (por falta de uso) al grado de prácticamente quedar inutilizable y por eso es
conveniente volverlo a ejercitar. Si hacemos el psoas más elástico, podremos tener mayor
flexibilidad en cadera.
Entre los ejercicios más comunes y fáciles para fortalecer y flexibilizar la cadera se encuentra
el tratar de colocarnos en posición de mariposa (o flor de loto), sobre el suelo o la cama, y
lentamente, sin lastimarnos, procurar abrir las piernas más y más hasta que quizá puedan
tocar las rodillas el piso o la superficie sobre la que estamos. Otro ejercicio consiste en que,
sentados sobre piso o colchoneta, tratemos de llevar piernas a un lado y al otro sin que
despeguemos los dos glúteos del piso, este ejercicio es bastante difícil y hay que hacerlo
lentamente, procurando primero tener las manos apoyadas atrás de las caderas, sobre el piso,
y después hacerlo con las manos en el aire para que así hagamos otro poco más de esfuerzo.
Unas caderas fuertes nos ayudarán a tener mucha mejor calidad de vida.

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