Las personas adultas mayores saben que hoy en día el panorama de la inclusión y los derechos humanos es mucho más amplio que en su juventud. Quizá recuerdan con claridad a familiares, vecinos o compañeros de escuela que crecieron en un contexto social donde la Lengua de Señas Mexicana (LSM) era prácticamente desconocida por la mayoría, incomprendida o incluso estigmatizada en los entornos educativos. En aquellas décadas, la discapacidad auditiva se vivía frecuentemente en un profundo aislamiento técnico, lingüístico y social, mucho antes de que el concepto contemporáneo de “inclusión” comenzara a formar parte de las agendas públicas, las leyes nacionales o las discusiones comunitarias cotidianas.
Hoy en día, proponer una mirada a esta transformación histórica es un acto de estricta justicia, memoria y dignidad. La LSM no debe entenderse como un simple conjunto de gestos intuitivos o como un sistema de traducción literal del español; se trata de una lengua formal, rica, sumamente compleja, que posee su propia estructura gramatical, sintaxis y una profunda herencia cultural. Reconocer su evolución a lo largo de las últimas décadas permite dimensionar el valor de una comunidad resiliente que ha luchado activamente por su legítimo derecho a comunicarse. Para las personas adultas mayores que forman parte de la comunidad sorda, la LSM representa un vehículo fundamental de identidad, pertenencia y respeto profundo. Tras una larga lucha, la LSM fue declarada oficialmente como una “lengua nacional” en México en el año 2003, integrándose formalmente al patrimonio lingüístico del país bajo la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad. Cada 10 de junio se conmemora el Día Nacional de la Lengua de Señas Mexicana.

Contacto
Valeria Contreras Becerril
Intérprete de Lengua de Señas Mexicana

Paola Zertuche Ramírez
Intérprete de Lengua de Señas Mexicana

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