Es famosa la cita del poeta chileno Pablo Neruda, tomada de sus memorias Confieso que he vivido: “… México está en sus mercados…”.
La cultura del mercado tiene que ver con la esencia de una comunidad. En un mercado se compran a diario los insumos que nos permiten sobrevivir. Ahí, la gente proveedora de comestibles u otros productos no imposta un personaje, es como es, y el mercado se vuelve una suerte de segundo hogar en el que se pasan muchas horas del día. Los clientes, a su vez, tampoco quieren quedar bien con los “marchantes”, sino que solo compran lo que necesitan y para ello, platican mucho, porque buscan mejor precio y calidad. Los mercados en México tienen además el colorido, los olores y los hábitos regionales de un país riquísimo en diversidad cultural por su inacabable doble herencia: la originaria regional y la prehispánica. El también distintivo pregón de los mercados ha salido a las calles gracias a los muy tradicionales tianguis o “mercados sobre ruedas” que van cambiando su ubicación según el día de la semana. Los buenos comerciantes repiten su tema de venta entonadamente y con gran potencia de voz. En este país, es muy frecuente que haya relaciones personales fuertes y vínculos de gran amistad y confianza entre los y las “marchantas” y su clientela que, por cierto, a veces es referida también como “marchanta”, lo que señala que en ese contexto existe un vínculo estrecho, de confianza e igualdad. Las plazas en México han sido un excelente espacio para albergar a los esporádicos e itinerantes tianguis.

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Marco Fabrizio Ramírez Padilla
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