La ciudad de México es una gran metrópoli que, a nivel internacional goza ahora
–y siempre lo ha hecho– de una vigorosa vida cultural. Esta condición provoca que
muchas personas que la habitan están influenciadas por la cultura del último grito
de la moda internacional. El Centro Histórico de la Ciudad de México,
especialmente, se engalanó a principios del siglo pasado, con grandes almacenes
y pequeñas sastrerías o costurerías que se distinguieron por su venta de prendas
finas de vestir muy a la moda y con diseño de alta costura, trabajo artesanal de
botonería, surcido, sombreros y bordados. Hasta la fecha, existen centrales
importantes de costureras, y la industria textil en la capital mexicana lleva una
vanguardia respecto del resto de la república en cuanto a fabricación artesanal e
industrial de prendas de vestir. La cultura de la moda mexicana responde
asimismo a un mestizaje tanto del pasado como del presente. Se utilizan bordados
que provienen de la Colonia y de los pueblos originarios, sobre prendas
europeizadas o que se usan en los Estados Unidos, así como otras vestimentas
cuyo origen ya resulta indetectable por haber sido adoptadas en el país como
propias y únicas. Es el caso de los famosos vestidos para celebrar bodas, eventos
nocturnos o quince años de algunas jóvenes o bien la industria de los jeans de
mezclilla en los años sesenta que marcó una moda que emparejaba al
proletariado con algunas burguesías en resistencia. El vestido es uno de los
símbolos culturales más representativos de la diversidad social y humana.
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