El deporte en general no solamente sirve para mantener al organismo sano y en
forma sino que, desde una perspectiva comunitaria, mantiene al organismo social
vinculado, con identidad, competitivo, también sano. Sin tomar en consideración
los arranques violentos que ocurren en los estadios, los partidos y campeonatos
de futbol han sido analizados, desde su origen a finales del siglo XIX en Inglaterra,
como fenómenos sociales de gran envergadura puesto que para muchas
naciones, entre ellas las latinoamericanas, el soccer significa un punto de
encuentro identitario.
Familias enteras comparten la afición a uno u otro equipo de futbol soccer y
también pueden compartir recuerdos, crónicas (antes en radio o televisión) de
otras series Mundiales o campeonatos o historias de ciertos jugadores que fueron
grandes divas de este deporte.
La cultura del futbol está inscrita de manera muy profunda en la memoria de
nuestros países; significa compartir tiempos con pasión, diversión, entretenimiento
y, algunas veces, grandes campeonatos derivan en las ganas de que los jóvenes
o adultos puedan también jugar o “echar alguna cascarita”. La historia de equipos,
jugadores y torneos es importante también como tema de conversación
intergeneracional. Los lemas, porras, himnos y colores insignia de cada equipo,
las jugadas y la técnica; el deporte completo se convierte en una forma de
conversar y estar que difícilmente se repite con otra actividad. El futbol acaba
siendo también una influencia cultural fuerte en términos de movimientos,
expresiones, dichos, jugadas inéditas, formas de ser y de hacer las cosas. Hay
mímicas que surgieron del soccer y que se llevan a la cultura cotidiana, así como
porras y gritos. Los jugadores de futbol soccer, de hecho, son inmediatamente
considerados importantísimos líderes de opinión de estas generaciones. El futbol y
la cultura cotidiana son conceptos íntimamente vinculados, inseparables.
Contacto.
Javier Trejo Garay
Periodista y comentarista deportivo
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