Impulsadas por la necesidad de abaratar los costos de un montaje teatral único y así realizar un espectáculo al que se pudiera llevar a la familia puesto que no era sumamente caro, el teatro de revista tuvo su auge en México a finales del siglo XIX y se nutrió en gran parte de lo que se presentaba en las carpas. Como su nombre lo indica, el espectáculo de carpa, prácticamente circense, solía ser nómada y ocupar un espacio un tanto impermanente. En las carpas se habituaba escuchar guiones cómicos con un tono subido, con albures, guiños de crítica política o ideológica y señalamientos constantes hacia la clase poderosa. El teatro de carpa ha sido comparado en cierto sentido a una suerte de caricatura periódica, nutrida de información de coyuntura o actual, chistes colorados y lenguaje que puede llegar a soez. Si bien el teatro de revista no solamente es esto, sí podía incorporar en su catálogo de presentaciones a algún cómico con esas características. El teatro de revista en México tuvo su auge quizá en el Teatro Blanquita de la Ciudad de México por los años cuarenta y figuras como Cantinflas y María Victoria fueron un hito de este género teatral. El cabaret de día, familiar, con música, comedia, baile y variedades, que es parte del teatro de revista, es muy querido por familias enteras porque significó durante muchas décadas, hasta que prácticamente se ha acabado, el entretenimiento en vivo, dominical, por excelencia.
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Andrés Jiménez García
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