DANA, el fenómeno meteorológico, es, y será, un nombre difícil de olvidar por los españoles, en especial por los que viven en la comunidad valenciana y zonas aledañas: lluvias inesperadas inundaron pueblos enteros provocando numerosas pérdidas materiales, además de cientos de personas desaparecidas y otras tantas fallecidas.
El fenómeno tomó por sorpresa a toda la población, pero las más afectadas fueron personas con movilidad reducida, las que vivían solas o tenían alguna dependencia, y las que habitaban en primeros pisos o sótanos de los edificios. Para los objetivos de este programa, especificaremos que fueron personas de entre 80 y 90 años. Muchas de ellas, si bien sobrevivieron, se encuentran sin acceso a servicios, a cuidados e incluso alimentos.
La ayuda nacional e internacional está en camino, pero quisiéramos destacar que, si bien las personas mayores están en la mira para la atención urgente, ellos y ellas también forman parte del trabajo de saneamiento y recuperación de sus municipios. En varias fotografías y reportajes periodísticos hemos visto que hombres y mujeres mayores salen a barrer las calles de lodo y basura; mujeres como Doña Juanita se dedican a cocinar lo que sea para que la comida llegue a quien más lo necesita. Otros, como Don Ángel, salieron a las calles a ayudar en lo que hiciera falta y, frente al horror, aportaron su trabajo y energía. Ello muestra que en situaciones de desastres somos una población altamente vulnerable, pero también podemos aportar apoyos invaluables.
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